Que estábamos haciendo? Ah, sí, empezar a vivir de nuevo.
Me levanto cada mañana mirando alrededor, haciendo un repaso rápido de tiempo, lugar, espacio-tiempo, estado emocional, estado físico y otra serie de controles rutinarios, que me llevan varios milisegundos hasta darme cuenta dónde estoy, quién soy ese día y tratar de esbozar un porqué.
Así comienza el agitado día de mi mente que, además de trabajar, estudiar y sobrevivir, siente. Sí, siente, y esa es la parte más agotadora del día… La parte que dura todo el día.
Pensamientos infinitos, redes entretejidas, enredadas (valga la redundancia) que generalmente llegan lejos, a ninguna parte, se mezclan caóticamente con el des-corazón.
La lucha del día a día, “la lucha”, pelea incansable entre él y ella. Él es un tipo raro, piola, descuidado, que nunca sabe adonde va ni que hace ahí, un tipo que, lógicamente, no entiendo. Ella es brutal, empedernida, desafiante, inquieta, observadora, vanagloriosa, despiadada, la entiendo, pero a veces la callaría de una piña en la geta.
Él, en realidad no se ni qué es, yo le puse corazón o des-corazón, dependiendo la situación.
Ella, bendita indomable, mi querida razón.
Y así estamos. Hoy tenemos un día complicado. Sépanlo.
Mañana les cuento.
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