lunes, 11 de abril de 2011

*volveranacer

El hombre que quiero llegó a esta escena sin libreto.
Llegó un día de febrero teñido en oro y amatista
a talar con sus manos mis sueños perdidos.
Me invitó sin retorno a al nuevo cantar
sin dejarme siquiera intentar escapar
de la borrascosa tormenta de sus ojos serenos.
El hombre que quiero teme de veras no serlo,
le pregunta a la luna si es esto real
si hay algo de miel en los panales del verso.
No sabe que no hay instante en la vida que no me queme su fuego
que no hay estrella en el cielo que no musite su nombre.
No sabe aún que la noche sin sus brazos es un desierto
que no sentir su voz es como no sentir la música.
El hombre que quiero se cuela en mis sueños y me despabila,
cada noche me encuentra buscando su cuerpo.
Aún no entiende que sus labios son chocolate con menta
y sus ojos el mar más eterno y profundo.
El hombre que quiero es la luz del alba,
es la grandeza, la esperanza, la vehemencia.
El hombre que quiero aún no ha notado
que tiemblan mis manos ante su esencia inclemente
que recorren mis ojos su aura infinita
que arma y desarma mi alma en cada latido.
No ha notado aún que el día no es día si no encuentro sus besos
que no hay aire en el viento si no está su aliento.
El hombre que quiero ha movido las piezas
ha cambiado el sentir de este corazón cercenado.
No sabe que verlo desvanecer es para mí el abismo
Que después de años de sentires obtusos
Removió tras los cardos el fango del tiempo.

El hombre que amo aún no imagina
Cuán penosa es la espera después los grises…

*no quiero valles desolados.

Hoy, después de mucho tiempo volví a sentir terror al abandono.
Todavía conservo eso. Gracias Dios.
Y gracias amor por hacérmelo saber.




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